¡Qué fuerza de adentro me eleva! (JRJ)

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En el centenario de esta obra cumbre de la literatura os invirtamos a disfrutar de un capítulo de Platero y yo tratando de saborear a través de su exquisita descripción lo que Juan Ramón Jiménez sentía esa noche.

Noche pura (cap. 120 Platero y yo,  J. R. J.)

Las almenadas azoteas blancas se cortan secamente sobre el alegre cielo azul, gélido y estrellado. El norte silencioso acaricia, vivo, con su pura agudeza.
Todos creen que tienen frío, y se esconden en las casas y las cierran. Nosotros, Platero, vamos a ir despacio, tú con tu lana y con mi manta, yo con mi alma, por el limpio pueblo solitario.
¡Qué fuerza de adentro me eleva, cual si fuese yo una torre de piedra tosca con remate de plata libre! ¡Mira cuánta estrella! De tantas como son, marean. Se diría el cielo un mundo de niños, que le está rezando a la tierra un encendido rosario de amor ideal.
¡Platero, Platero! ¡Diera yo toda mi vida y anhelara que tú quisieras dar la tuya por la pureza de esta alta noche de enero, sola, clara y dura!
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