Jesús: hijo amado de Dios

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
– Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
– Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.              (Mt 17)

Este domingo el Evangelio cuenta cómo Jesús fue a una montaña alta con tres de sus discípulos.
Jesús, como nosotros, necesitaba de vez en cuando acercarse a la naturaleza, a un lugar tranquilo, para descansar, para orar, para escuchar a Dios, su Padre.
Este encuentro con su Padre Dios para Jesús fue muy importante… por eso dice el evangelio que se transfiguró. Es una palabra un poco difícil, que significa que algo luminoso que llenó a Jesús por fuera y también en su interior.
Era un cambio tan grande que sus amigos Pedro, Santiago y Juan lo notaron y, bastante tiempo después, lo contaron a los demás discípulos de Jesús…

Vemos el vídeo y después podemos compartir:
¿Alguna vez nos hemos sentido nosotros muy bien en un lugar de la naturaleza que nos gusta mucho?
¿Nos hemos sentido muy a gusto, muy felices, como hijos e hijas muy queridos?

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