Casa de oración

El Templo de Jerusalén era el lugar al que acudían las familias judías a presentar a Dios a sus hijos primogénitos. Debían “recuperarlo” con la ofrenda de un animal (palomas, ovejas, bueyes… según las posibilidades de cada familia)
Con el tiempo el Tempo se había convertido casi en un mercado más que en un lugar de oración… y eso indignó a Jesús. El Evangelio nos cuenta que Jesús se enfadó mucho con eso y dijo:
– «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» (Jn 2, 16)

1-3 Primaria

4-6 Primaria

 

Escucho…

Vamos a  compartir unos momentos especiales de tranquilidad juntos. Vamos a fijarnos en lo que está pasando en cada momento. Nos sentamos cómodamente en la silla, apoyamos los pies en el suelo, las manos sobre las piernas y la cabeza erguida, como si un globo que flotara sobre ella, tirase de la cabeza suavemente hacia arriba.

¿Estás listo?

Inspira suavemente para que el aire llegue hasta el vientre. Inspira, 1, 2, 3, 4, lentamente suelta  en 1, 2, 3, 4.
Coge aire otra vez en 1, 2, 3, 4, y suelta 1, 2 ,3 ,4.
Ahora cierra los ojos con suavidad, inspira profundamente y suelta el aire poco a poco.

Vas a escuchar diferentes sonidos. Pon atención.

Empezamos escuchando el sonido de los crótalos y cuánto tarda en apagarse.
https://www.youtube.com/watch?v=lizyzgsdHpc
(Ponemos más o menos 1 minuto… Se deja unos momentos después del sonido).

Ahora inspira otra vez y suelta, inspira y suelta…. (Se dice lentamente)
Nota como entra el aire y sale. Entra y sale.

Escucha este otro sonido mientras inspiras y espiras.
https://www.youtube.com/watch?v=tHo_q9ShsZA
(Sonido de los pájaros. Ponemos más o menos 1 minuto.)

Realiza una inspiración profunda y suelta. Inspira y suelta.

Vamos a terminar escuchando con atención plena el sonido de los crótalos otra vez.
https://www.youtube.com/watch?v=lizyzgsdHpc
(Ponemos más o menos otro minuto. Se deja unos momentos después del sonido).

Ahora poco a poco, sin prisas, cada uno a su ritmo, abre los ojos…

Compartimos con los niños:
¿Qué he sentido? ¿Qué me ha pasado? Estaba nervioso, tranquilo…?
¿Cómo me siento ahora?
Pueden compartir al menos una palabra…

Santo de la Semana: Casimiro

Casimiro nació Cracovia en 1458.
Era hijo del Rey el polaco, Casimiro IV. Su familia real era de las más importantes de aquella época. Su nombre, en polaco, quiere decir: “el que trae la paz”.
Su madre le educó en el conocimiento de Jesús y en el amor a los demás, sobre todo a los pobres.
Además tuvo dos maestros sabios y cristianos que le ayudaron a ser un joven responsable, bueno y generoso.
Casimiro llegó a ser Rey de Polonia durante 5 años y destacó por su prudencia y su justicia.
Murió muy joven, con 26 años y muy pronto su fama de santo se extendió por toda Polonia.
Fue enterrado con una poesía a la Virgen María, porque le gustaba rezarla así: “Mi alma te alaba cada día, María”.
Fue declarado santo por el papa Clemente VIII y su fiesta se celebra el 4 de marzo.
Casimiro es patrono de Polonia y Lituania

ORACIÓN a MARÍA
Te alabamos, María,
por ser la madre de Jesús,
por estar atenta siempre a quienes necesitaban ayuda
como los novios de Caná.
Con las palabras de San Casimiro te decimos:
“Nuestra alma te alaba cada día”. Amén

 

El sucesor del rey

Érase una vez un Rey cristiano que vivía de forma comprometida su fe y que no tenía hijos. Por ello, envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos diciendo que cualquier joven que reuniera los requisitos para aspirar a ser el sucesor al trono, debería entrevistarse con el Rey. Pero debía cumplir dos requisitos: amar a Dios y a su prójimo.

En una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje.

Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje.

Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre que pedía limosna. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba:
– “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme…”.
El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del pobre. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.

Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó:
– “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!”. El joven le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones.

Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin de provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un gran y lujoso salón donde estaba el Rey. Cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey se sorprendió grandemente, no podía creer lo que veía y dijo:
– “¡Usted… usted… usted es el pobre que estaba a la vera del camino!”

En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula:
– “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!”
El Rey, sonriendo, dijo:
– “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”.

El joven dijo: “Pero… pero… ¡usted es el Rey! ¿Por qué hizo eso?

El Rey le contestó:
– “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas, si realmente amas a Dios y a tu prójimo. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y no sabría realmente lo que hay en tu corazón. Como pobre, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba. ¡Tú heredaras mi reino!”

Este es mi Hijo Amado


Jesús subió a lo alto de una montaña con Pedro, Santiago y Juan.
Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún lavandero del mundo.
Pedro decía: «Maestro, ¡qué bien se está aquí!
En esos momentos oyeron una voz que decía de Jesús: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo.»

ORACIÓN:
Jesús, amigo nuestro,
qué bien nos sentimos cuando Tú estás cerca de nosotros.
Tú eres el Hijo Amado de Dios nuestro Padre.
También cada uno de nosotros somos hijos amados por Dios
y por eso nos llamas a vivir como hermanos.
Gracias, Jesús.

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Me siento bien


Nos sentamos en una postura cómoda, con la espalda recta.

Inspira suavemente. Inspira, 1, 2, 3, 4, lentamente suelta  en 1, 2, 3, 4.
Coge aire otra vez en 1, 2, 3, 4, y suelta 1, 2 ,3 ,4.

Ahora cierra los ojos con suavidad, inspira profundamente y suelta el aire  poco a poco.

“Ahora, vas a recordar algunas situaciones que te hayan hecho sentir muy bien, que te hayan hecho sentir feliz. Recuerda…

(Se les deja en silencio un rato, con música).

http://www.youtube.com/watch?v=lNb43wADzOg

Al cabo de unos segundos, se dice:
“Recuerda esos momentos, y deja que te invada ahora la misma sensación y alegría que sentiste entonces”.

(Dejamos más tiempo escuchando la música otra vez.)

http://www.youtube.com/watch?v=lNb43wADzOg

Ahora poco a poco, abre los ojos.

Compartimos:
Quien desee puede contar brevemente qué recuerdos ha tenido y qué ha sentido.

Santo de la Semana: Rafaela Ybara

1-3 Primaria

Este video nos cuenta la vida de la Rafaela Ybarra, que fundó la congregación de religiosas de los “Ángeles Custodios” para acoger y educar a las chicas jóvenes de Bilbao.

4-6 Primaria

Rafaela Ybarra nació en Bilbao en 1843 en una familia muy cristiana. Se casó con José de Villalonga, presidente de Altos Hornos, y tuvo siete hijos. Se preocupó mucho por la situación de las jóvenes y niñas. Recoge de las calles a las más desfavorecidas creando Instituciones de acogida donde les proporciona todo aquello que la sociedad les niega: cariño, alimentación, educación, salud y amor. En 1892 funda la Congregación de los Ángeles Custodios para atenderlas.
Les decía a las Hermanas: “Nunca os canséis de hacer el bien”.
Juan Pablo II la nombró beata en 1984.
El video es la presentación de un documental sobre su vida y su compromiso con las niñas y las jóvenes en la que la llaman “La madre de Bilbao”.

 

 

 

La alegría está en nuestro interior


En aquella tienda vendían casi de todo. Un día llegó a la tienda un hombre muy triste. Iba agachado y arrastrando los pies. Se plantó delante del tendero y preguntó con voz apagada:
– ¿Venden aquí alegría?
– ¡Claro que sí! – le dijo el tendero, corriendo a la trastienda.
Volvió enseguida y dejó encima del mostrador una botella transparente, aparentemente vacía. La envolvió cuidadosamente y la introdujo en una bolsa.
– Aquí tiene -le dijo, ofreciéndole la compra con una gran sonrisa.
El hombre lo miró extrañado, pero viendo al tendero tan seguro, le pagó y salió de la tienda con la sensación de haber sido estafado.

Cuando llegó a casa abrió el envoltorio y encontró un papel en el que decía:
Cuando sientas tristeza, sigue las instrucciones:
1.- Quitar el tapón y aspirar profundamente el aire de la botella.
2.- Taponar inmediatamente la botella.
Se recomienda no hacer más de una aspiración al día.
Puede ocasionar empacho de felicidad.

El hombre triste siguió cuidadosamente las instrucciones, y decidió en ese mismo instante probar sus efectos.
Destapó la botella y aspiró con fuerza.
– Fiuuuuuuuuuuuu.
Rápidamente, siguiendo las instrucciones, volvió a taponar la botella.
A los pocos minutos empezó a sentirse muy contento. Canturreaba y bailaba dando vueltas por toda la casa. Salió a la calle y, sonriendo a todos, vio que todo el mundo le devolvía la sonrisa. Aquel día se acostó pensando que hacía años que no se había sentido tan feliz.
Al día siguiente, nada más despertar, destapó la botella y aspiró con mucha fuerza tapándola inmediatamente.
– Fiuuuuuuuuuuuu.
Al momento, le entró apetito y se preparó un zumo de naranja, unas tostadas con aceite y jamón y unas ciruelas, que le supieron a gloria. Se puso de muy buen humor.
Salió a la calle y, lo mismo que el día anterior, empezó a cantar y bailar demostrando a todos su alegría. Al anochecer, a pesar de saber que no debía hacerlo, fue a buscar la botella, la destapó y aspiró tres veces seguidas.
– Fiuuuuuuuuuuuu, fiuuuuuuuuuuuu, fiuuuuuuuuuuuu.
Al momento, comenzó a reír cómo un loco. No paró de bailar, cantar y reír en toda la noche, hasta que estuvo tan cansado que cayó dormido.
No despertó hasta el atardecer del día siguiente. Efectivamente, había tenido un empacho de felicidad. No aspiró el aire milagroso esa tarde.

A la mañana siguiente no se despertó tan triste como en otras ocasiones, era como si el efecto del aire se mantuviera. Decidió no aspirar de la botella hasta casi mediodía.
– Fiuuuuuuuuuuuu.
Ahora, solo una vez. Y de nuevo se puso muy alegre contagiando a todo el que veía.
Así estuvo un tiempo. Notó que cada vez tenía menos necesidad de aspirar el aire de la botella, porque sin apenas darse cuenta fue olvidando su tristeza. Tanto, que un día se olvidó de ella por completo.