Brillando con Juan María

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 Vamos a comenzar buscando una postura cómoda.
Cierra los ojos para estar más tranquilo.
Pon tus manos sobre tus rodillas o sobre tu corazón.

https://www.youtube.com/watch?v=YRGyaLclofw

Vamos a respirar juntos…
Inhala por la nariz, suave y profundo…
Siente cómo el aire llena tus pulmones…
Exhala despacio por la boca, dejando salir cualquier tensión.

Hazlo otra vez: inhala la paz… exhala las preocupaciones.

Siente cómo tu cuerpo se relaja,  cómo tu mente se calma, cómo tu corazón se abre.

Ahora imagina que caminas por un hermoso jardín, el jardín de Dios.
Es un jardín lleno de flores de muchos colores, árboles que dan sombra y un cielo muy azul.
Escucha los pajaritos cantar,  siente el viento suave en tu cara, y el calor del sol que te abraza.

Sabes que este jardín es especial: es el jardín de Dios, donde todos somos sus hijos y hermanos.
De pronto, ves a Jesús caminando hacia ti.
Tiene una sonrisa muy dulce y te dice:
“Gracias por estar aquí. Tú eres importante y amado.”

Jesús te invita a sentarte con Él. Te mira con ternura y pone su mano sobre tu hombro.
Sientes que su amor te llena por dentro, como una luz cálida que te da fuerza y alegría.

Mientras sigues respirando con calma, imagina que esa luz que Jesús puso en ti
empieza a brillar más fuerte.
Esa luz es el espíritu menesiano, el espíritu de Juan María.
Es un espíritu de familia, de servicio y de amor.

Piensa en las personas que te acompañan en tu colegio:
tus amigos, tus profesores, tus familias.
Todos son parte de esta gran familia menesiana.

Imagina que tu luz se une con la de ellos y entre todos forman un gran círculo de luz,
como una familia que se abraza con el corazón.
Siente esa unión, esa alegría, esa paz.
Es Dios que nos une y nos invita a vivir como hermanos.

Estamos invitados a llevar esa la luz al mundo…
Ahora, guarda esa luz dentro de tu corazón.
Siente que allí se queda, suave y brillante.

Cuando terminemos la visualización podrás usar esa luz para hacer el bien,
para cuidar, para ayudar, para sonreír.

Jesús te dice: “Lleva mi luz y mi paz por donde vayas.”

Respira una vez más… Inhala amor… Exhala gratitud…

Poco a poco mueve tus manos y tus pies…
Cuando estés listo, abre los ojos y sonríe.

Recuerda:
Eres parte de la familia menesiana, una luz que brilla con la paz y el amor de Jesús.

Para compartir:
¿Cómo me he sentido?
¿A dónde quiero llevar la luz de Jesús?

 

 

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