Saber que estás me da fuerza

«Jesús les preguntó, muchachos ¿no habéis pescado nada?, Nada.»

Esto nos habla de las situaciones difíciles, de fracaso, de impotencia, de desánimo. Pero algo, mejor dicho, alguien cambia cambia las cosas.
Una palabra, una persona, un recuerdo… saber que alguien está conmigo hace que todo sea diferente. Así nos pasa con Jesús, «saber» que está con nosotros, cuando podemos confiar en él todo se ve de otra manera. Quizá la dificultad, el fracaso, la impotencia y el desánimo sigan siendo los mismos, pero «es el Señor», está conmigo, veo todo diferente.

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Si creemos somos capaces de obrar milagros

Besos que regalan vida

«Se puso en medio de ellos y les dijo «PAZ A VOSOTROS»…   escrito para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios y tengáis vida en su nombre»

Creer en Jesús transforma la vida, la llena de paz y nos hace capaces de llevar esa paz a los demás. Aunque, como para Tomás,  como para todos no nos resulte fácil. ¡Que esa paz habite en nosotros!

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Triunfa…. el amor

TRIUNFA: la vida, la libertad, la verdad, la justicia, la esperanza, la luz, el color, el AMOR.

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? no está aquí, !ha resucitado!» (Lc 24)

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Hay más vida de la que parece

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No estamos solos

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Si amas a alguien su felicidad es tu felicidad

Si amas a alguien su felicidad es tu felicidad.
Su dolor es tu dolor.
Cada uno tenemos una misión única y ahora es tiempo de escucharla.
Es tiempo de ayudar a que suceda…
…  El amor de Jesús en la cruz nos puede ayudar a ello.
Él nos enseñó lo que es amar.

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El perdón es el punto de partida

“Yo tampoco te condeno, anda y no peques más”

¿Alguna vez has intentado “construir puentes” con quien no quería?
¿Qué hace falta para ser como el dibujo de la derecha?

Sin embargo es el modo de hacer las cosas según la opinión de Jesús:

“Jesús se dirigió al monte de los Olivos.  Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía.  Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro, y le dijeron: —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés ordena que dichas mujeres sean apedreadas; tú, ¿qué dices?  –decían esto para ponerlo a prueba, y tener de qué acusarlo. Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo: —Quien de vosotros esté sin pecado tire la primera piedra.  De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí de pie en el centro.  Jesús se incorporó y le dijo: —Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?  Ella contestó: —Nadie, señor. Jesús le dijo: —Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.” (Jn 8, 1-12)
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Déjate abrazar

“Sacad enseguida el mejor traje y vestirle  ponedle un anillo en la mano, sandalias en los pies. Traed el ternero cebado y matadlo. CELEBREMOS UN BANQUETE…”

¡Cuánta alegría! Siente el Padre.

¡Vaya fiesta! Monta para todos.

El Evangelio no sabe ya que más poner para que entendamos que este momento es una pasada. Es el momento en que el hijo siente cómo es su Padre. Se fue de casa porque no le conocía, vuelve y se encuentra con todo un amor que se sale: injusto, desmedido, ilógico, incondicional, feliz. ¡Él es así!, cualquier otra explicación lo estropearía.

ACOJAMOS SU ABRAZO, QUE SE MUERE DE GANAS POR DÁRNOSLO.

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