Nos sentamos tranquilos, con la espalda recta.
Apoyamos las manos en las piernas o en la mesa.
Cerramos los ojos si queremos… y hacemos silencio.
Respiramos despacio, cogiendo aire por la nariz…
y lo soltamos lentamente…
Repetimos varias veces…
Mientras tomamos el aire, decimos en nuestro interior: “Estoy tranquilo”.
Mientras expulsamos el aire decimos: “Estoy en paz”.
El silencio y la respiración pausada nos ayuda a estar tranquilos,
a escuchar mejor, a sentir paz.
Jesús muchas veces buscaba momentos de silencio para encontrarse con su Padre Dios.
Le gustaba hacerlo al empezar el día, de madrugada, o en la tranquilidad de la noche:
Cuando nosotros tenemos momentos de mirar a nuestro interior en silencio
nuestro corazón se llena de paz.
Ahora vamos a “escuchar el silencio”.
(Pausa)
Intentamos no hacer ningún ruido y si oímos algún sonido de fuera no lo prestamos atención, lo dejamos pasar y seguimos en calma…
(Pausa)
Como Jesús encontraba paz en el silencio nosotros también vamos a “escuchar el silencio”, con paz, sin preocuparnos por nada…
Vamos a permanecer un ratito en silencio, ayudándonos de nuestra respiración tranquila,…
Intentamos estar en calma por dentro y sin hacer caso si hay algo de ruido en el pasillo, en la calle…
Y así, en nuestro interior decimos:
“Gracias, Padre Bueno,
por este rato de paz, de calma,…”
Respiramos ahora de forma consciente y un poco más profunda y, poco a poco, vamos abriendo los ojos, comenzando a movernos un poco…
Para compartir:
¿Cómo me he sentido?
¿Quiero compartir algún lugar o momento del día en que me gusta estar un rato en silencio y en paz?
