NUESTRAS HERIDAS TAMBIÉN PUEDEN DAR VIDA

Juan María de la Mennais y Gabriel Deshayes no buscaban personas perfectas para cambiar el mundo, buscaban personas con un corazón grande. A veces, nos da miedo no ser «suficientemente buenos» o tener fallos, pero en el proyecto de Dios y en el estilo Menesiano, cada uno de nosotros es necesario precisamente por ser quien es. Como el cántaro de nuestra historia, incluso aquello que creemos que nos hace «estar rotos» puede ser lo que haga que el camino de los demás se llene de flores.

EL CÁNTARO ROTO

En una pequeña aldea situada en pleno desierto, vivía un hombre que cada mañana traía agua desde un manantial ubicado a unos pocos kilómetros de distancia.

Colocaba dos grandes cántaros a ambos lados de una gruesa barra de madera que, a su vez, apoyaba en sus hombros. Y así, con la alegría en el cuerpo y una sonrisa en el alma, comenzaba un camino que siempre era el mismo. Tardaba más o menos una hora en llegar hasta el manantial. Una vez allí, se sentaba un rato a descansar y después llenaba los dos cántaros para iniciar el regreso.

Aunque eran parecidos, había una diferencia importante entre ambos recipientes. Uno cumplía a la perfección su trabajo, pues mantenía toda su agua intacta durante el trayecto. En cambio, el otro, debido a una pequeña herida en uno de sus costados, iba perdiendo agua durante el regreso; tanta que, al llegar de nuevo a la aldea, había perdido la mitad de su contenido.

Este último cántaro, conforme pasaban los días, se sentía cada vez más y más triste, pues sabía que no estaba cumpliendo con su trabajo. No entendía por qué su dueño no lo arreglaba o, directamente, lo sustituía por otro. «Quizás», pensaba, «esté esperando el momento en que me rompa totalmente para cambiarme por uno más nuevo». Y así pasaban los días, y las semanas, y los meses, y sobre todo los pensamientos de un cántaro que cada día se sentía menos útil…

Llegó el día en que ya no pudo aguantar más y, aprovechando, que el aguador lo abrazaba entre sus manos para llenarlo de agua, se dirigió a él:

-Me siento culpable por hacerte perder tiempo y esfuerzo. Te pido que me abandones y me cambies por otro más nuevo, pues ya ves que soy incapaz de servirte como debiera.

-¿Qué? -contestó el aguador, extrañado-. No te entiendo, ¿por qué dices que no me sirves?

-Acaso no te has dado cuenta de que estoy roto y voy perdiendo la mitad del agua durante el camino de vuelta.

El aguador, conmovido, mostró una pequeña sonrisa, la abrazó junto a su pecho y le dijo en voz baja:

-No eres mejor ni peor, simplemente eres diferente y justamente por eso te necesito.

El cántaro no entendía nada.

-Mira, vamos a hacer una cosa -le contestó el aguador-. Hoy, durante el trayecto de vuelta quiero que te fijes bien a qué lado del camino crecen flores.

PIENSA Y COMPARTE: ¿Alguna vez has pensado que no tienes nada que aportar? ¿Cuáles son esas «flores» que crecen a tu alrededor gracias a tu forma de ser (tu alegría, tu escucha, tu ayuda)?

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 ENCUENTRA TU PROPIO CAMINO

Juan María de la Mennais siempre decía que lo más importante es formar a «toda la persona». Él no quería que todos los niños fueran iguales, sino que cada uno descubriera su propio valor y su misión. A veces pensamos que la vocación es subir una escalera altísima que otros han diseñado para nosotros, pero la verdadera vocación es descubrir cuál es tu camino, ese que Dios ha soñado solo para ti.

PIENSA Y COMPARTE: Mirando la imagen, ¿crees que el protagonista es menos importante por no subir la escalera que suben los demás? ¿Cómo crees que Juan María te diría hoy ese «Ole tú» al ver que intentas ser tú mismo y servir a los demás a tu manera?

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 MÁS QUE LO QUE HACES, IMPORTA QUIÉN ERES

A veces nos preguntan: «¿Qué quieres ser de mayor?». Pero la pregunta menesiana es: «¿Quién quieres SER?». Dios tiene un sueño para cada uno de nosotros, un talento especial que nos hace brillar. Ser vocacionado es descubrir ese regalo y atreverse a compartirlo con el mundo.

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 ESCUCHAR EL CORAZÓN PARA TRANSFORMAR EL MUNDO

Comenzamos esta semana especial preguntándonos qué es eso de la «vocación». No es solo elegir un trabajo, es descubrir qué música suena dentro de nosotros y cómo esa música puede ayudar a los demás. La vocación es el motor que nos impulsa a ser agentes de cambio en nuestra «casa común».

PIENSA Y COMPARTE: ¿Qué crees que mueve al protagonista a actuar así cada día? ¿Sientes que tú también tienes ese «latido» que te pide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio?

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AMAR NUESTROS DEFECTOS

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SUEÑA CON SERVIR

ENLACE a la visualización.

 

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RÍO DE BARRO

 

El cantautor y músico Depedro ha compuesto la banda sonora original de esta pieza, inspirada en la cobertura fotográfica del fotógrafo y periodista multimedia Albert González sobre las terribles condiciones de vida en el centro de protección de civiles de Malakal, Sudán del Sur. En Sudán del Sur, el país más joven del mundo, casi 9 millones de personas—más de dos tercios de la población— necesitan asistencia humanitaria. Inundaciones, violencia, inseguridad alimentaria y brotes de enfermedades afectan al país. Muchas de las personas desplazadas que huyeron de la violencia buscaron refugio en las bases de la ONU desplegadas por el país. Uno de estos centros es el de Malakal, que alberga a más de 34.000 personas y en el que 18.000 nuevos desplazados han buscado refugio tras los últimos enfrentamientos entre facciones armadas. Música: Depedro – ‘Río de barro’ Fotografia: Albert González Montaje: Cristina Rubio Esta videocobertura forma parte del proyecto EnfocAH, la fotografía humanitaria frente al olvido y el silencio. https://www.msf.es/enfocah

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HERMANA LUNA

HIMNO DE S. FRANCISCO. (parte)  para admirar la belleza de otro modo

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

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LA ALEGRÍA DE SOÑAR

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