POR SER MUJER

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Pon en mí tu corazón

Todo este tiempo de Cuaresma que estamos viviendo es una oportunidad de mirar a Jesús y ver cómo actuaba él, para aprender a hacer nosotros algo parecido.
Hoy le vamos a pedir a Jesús, en este momento de la mañana, que mire nuestro corazón.
Y que cambie lo que está un poco insensible y no nos deja querer y cuidar a los demás y a nosotros mismos como lo haría Jesús.
Lo hacemos mirando un ratito a la imagen…

Después hacemos juntos, despacito, esta ORACIÓN: “Renuévame”

Renuévame, Señor Jesús,
pon en mí tu corazón
para que mi corazón se parezca más al tuyo,
para que sepa perdonar,
para que sea generoso y amable.

Renuévame, Señor Jesús,
pon en mí tu corazón
para que aprenda a tratar a todos
con cariño, como lo hacías tú.

Renuévame, Señor Jesús,
pon en mí tu corazón
para que escuche más
para que esté más atento
y cuide mejor de los que están tristes y solos.

Renuévame, Señor Jesús,
pon en mí tu corazón. Amén

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NO ES AMOR

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Todo va a ir bien

MODALIDAD   Audición       Evaluación Hara

MÚSICA   «Todo va a ir bien«

Postura básica
Piensa en algo que te preocupe, que te inquiete, que te agobie, que te bloquee …
… de tu vida
… de tus estudios
… de tu familia
… de tus amigos
… de la sociedad
… de lo que te rodea
y deja que esta palabra cantada resuene en tu interior.

 

 

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DIOS ES COMO UNA MUJER

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LA MIRADA TRANSFORMADA

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Ánimo, levántate

MODALIDAD  Visualización – contemplación                     Evaluación Hara

MÚSICA  BraveHeart – Love

GUION

Esta vez os invito a profundizar, gracias a una visualización, en un texto del Evangelio. Te resultará familiar, se trata de escucharlo e imaginarnos cada uno la escena a nuestra manera, como si pasáramos por allí. Para ello nos preparamos con la “postura básica” y escuchamos el relato con cuatro breves paradas.

TEXTO

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

(Imagínale, tirado, expulsado de la ciudad, mendigando,  cegado…)

Al oír que era Jesús Nazareno empezó a gritar:
-¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Muchos le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
-¡Hijo de David, ten compasión de mí!

(Imagina su sus gritos, las protestas de la gente…)

Jesús se detuvo y dijo:
-Llamadlo.

Llamaron al ciego diciéndole:
-¡Ánimo! Levántate, que te llama.

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

(Imagina ahora su esperanza, el salto, los pasos a ciegas hacia Jesús…)

Jesús le dijo:
-¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego le contestó:
-Maestro, que pueda ver.

Jesús le dijo:
-Anda, tu fe te ha curado.
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

(Repite interiormente el diálogo “¿Qué quieres? Quiero… “  ¿Tú que le pedirías?  Hazlo…
y observa su transformación, ¡puede ver y seguir a Jesús por el camino!

Anotamos

¿Qué “cegueras” pueden paralizarme hoy? ¿Cómo me he imaginado el relato?
Algo que quiera recordar.

 

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